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Apenas 10 minutos le han bastado a Benjamin Netanyahu para despachar a Benedicto XVI en su histórica visita a Israel. La esperada reunión que han mantenido el primer ministro israelí y el Papa en el convento franciscano de Nazaret ha transcurrido a puerta cerrada y a su término no ha habido declaraciones oficiales. Un portavoz del Vaticano afirma que han hablado del proceso de paz en la región y de cómo hacerlo avanzar.

A Netanyahu no le ha sentado nada bien el reiterado apoyo público del Papa a la creación de un estado palestino -algo que no entra en sus planes de gobierno- y al derribo del muro de separación con Israel.

Horas antes, Benedicto XVI ofició una misa multitudinaria en la que pidió mayor tolerancia a las distintas comunidades religiosas de Nazaret, que tiene un 30% de población cristiana. “En nombre del mismo Dios -vino a decir- invito a la gente de buena voluntad a que tienda puentes para la convivencia y la coexistencia pacífica”.

La gira del Papá por Oriente Próximo concluye mañana con un sabor agridulce. La alegre acogida que le ha brindado la población árabe contrasta con la frialdad e incluso hostilidad de buena parte de la sociedad hebrea.

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